foto: Diego Suárez Bosleman / CorazónParaGanar.com
En un partido donde la estrella fue el tablero electrónico estrenado, la blanquiazul se despidió de su afición empatando ante la San Martín a un gol por bando. Ovelar convirtió tal vez su último tanto en La Victoria. Ahora a pensar en mejorar el próximo año lo hecho en esta temporada.
Denis Prince Delgadillo
[denis.prince@corazonparaganar.com]
La tarde-noche sabatina se prestaba para muchas cosas. Estrenar tablero electrónico y publicidad de última generación, también quitarnos la desazón de la última derrota ante los santos y para despedir al plantel luego de una temporada que en el balance arroja números en azul. En medio de una semana movida en ‘Matute’ por las acusaciones contra Gustavo Costas, el equipo saltó al campo con la intención de cerrar un año donde el hincha blanquiazul se dijo presente siempre, como ayer. Sin embargo, la San Martín buscó arruinar -como últimamente lo hace- la noche de festividad victoriana.
Duelo a medias
Sin ningún objetivo más que alegrar al aficionado y un equipo alterno, los dirigidos por Costas plantearon un partido ofensivo. La visita, ante la proximidad de los Play-Off, mandó una oncena compuesta por varios juveniles; por lo que la propuesta íntima no era descabellada. No obstante, careció en varios pasajes del partido de un conductor, ese que guíe el balón y al equipo, por lo que los balonazos, centros al por mayor y sin rumbo empezaron a hacer figura al joven arquero santo, Gallese.
El negro espectáculo
Si bien el gol de Bryan Rodríguez se produjo tras un error de la defensa victoriana, el conjunto albo no había hecho merecimiento alguno para adelantarse en el marcador. Pero lo que llamó más la atención fue el protagonismo del árbitro Héctor Pacheco, pues la supuesta falta de Solís sobre Rodríguez que derivó en el tanto de penal del delantero ‘charrúa’, fue más teatro que alguna infracción por parte del zaguero íntimo. El referí, al parecer, quiso estar de acorde a la ocasión y en su afán de ser efectivo y preciso se apresuró al sonar el silbato.
Lo Hurtado tiene recompensa
Con el gol santo, el equipo buscó a la desesperada el empate, pues no se podía permitir otra quemada de película por parte del equipo de Santa Anita. Ante la falta de ese regulador en el medio – que generalmente, es Quinteros y nadie más- uno de los más jóvenes, Paolo Hurtado, se puso, como contra Chalaco, el equipo sobre sus hombros. Por el medio, por izquierda o derecha intentaba llegar al arco rival pero con poco éxito. Hasta que la ley de la compensación, esa mediocre regla que esta enquistada en el futbol local, llegó para la blanquiazul. El colegiado sabía que la noche ‘íntima’ se opacaba por la derrota del equipo local, producida por su error arbitral. Cobró reglamentariamente, un jalón de Guillermo Guizasola sobre Hurtado.
El ángel del ’Búfalo”
La vida es más compleja de lo que parece, reza la letra de una trova. La vida está llena de alegrías y tristezas, de ilusiones y desilusiones pero lo que uno siempre debe tener es templaza y valor en sí mismo. Ayer Roberto Ovelar, tras el cobro del penal, cogió la pelota, con la voluntad y coraje que tienen los hombres para levantarse y seguir de pie, la mandó al fondo. El gol fue celebrado con la tribuna pero especialmente, con ese ser querido, su pequeño hijo, quien lo acompañada desde el cielo y para quien iba dedicado esta alegría. Esperemos que el próximo el ´’Búfalo continúe en La Victoria y así pueda demostrar que el destino te da oportunidad de revanchas.
Por este camino
Así cerró el año Alianza, como comenzó el mismo: con su gente apoyando desde las cuatro tribunas. No todos los objetivos se cumplieron, pero la mensaje para este 2010 que ya termina, es que trabajando seriamente y con convicción, los resultados vendrán por inercia. El apoyo del pueblo blanquiazul fue muestra de la satisfacción, orgullo y alegría que generaron con las actuaciones internacionales y en el campeonato doméstico en el hincha. El mensaje para el próximo año es continuar por el mismo camino, trabajando a conciencia y confiando en nuestras posibilidades. Sólo así el éxito es más probable.